Investigadoras cordobesas desarrollan un “hormigón vivo” que se repara solo y reduce el impacto ambiental de la construcción.

Un equipo interdisciplinario de científicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) logró un avance revolucionario en la ingeniería civil: desarrollaron un hormigón vivo capaz de reparar sus propias grietas mediante bacterias no patógenas que producen carbonato de calcio, restaurando el material desde su interior.
Biocementación: cuando la ciencia imita a la naturaleza
El proceso, conocido como biocementación, aprovecha la capacidad natural de ciertos microorganismos para metabolizar minerales. Al activarse en contacto con el agua y el aire, estas bacterias generan carbonato de calcio, un compuesto que rellena las microfisuras del hormigón, sellándolas de forma natural y sin necesidad de productos sintéticos como resinas epoxi o poliuretanos.
Este enfoque no solo representa una solución técnica eficiente, sino también una alternativa sustentable frente a una industria que actualmente es responsable de aproximadamente el 11% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
Aplicaciones y proyección internacional
La fórmula desarrollada por el equipo cordobés —actualmente en proceso de patentamiento— tiene múltiples aplicaciones: desde la extensión de la vida útil de infraestructuras modernas hasta la preservación de edificios históricos, donde el uso de materiales invasivos puede ser perjudicial para la conservación patrimonial.
El proyecto, que cuenta con financiamiento del Fondo para la Innovación Tecnológica y Social de la UNC, también ha despertado interés internacional y se encuentra en etapa de validación para desarrollar un prototipo autónomo, capaz de actuar en pocos días y sin intervención humana.
Ciencia con sello local y mirada global
Este desarrollo se inscribe en una tendencia global hacia la bioingeniería aplicada a la construcción, pero con una impronta local: es ciencia hecha en Córdoba, con talento argentino y una clara vocación de impacto social y ambiental. Las investigadoras destacan que el proyecto es fruto de la colaboración entre disciplinas como la microbiología, la ingeniería civil y la química, y que su objetivo final es transformar la manera en que construimos y cuidamos nuestras ciudades.

 “El hormigón es uno de los materiales más usados en el mundo, pero también uno de los más contaminantes. Esta innovación permite pensar en una construcción más resiliente, duradera y respetuosa con el ambiente”, señalaron desde el equipo de investigación.

Fuentes: Noticias Ambientales – UNC –  Cadena 3