Las pantallas, los videojuegos y las plataformas digitales se han convertido en el nuevo patio de juegos de niños y adolescentes. En ese universo de colores, recompensas y conexiones globales, también se esconden riesgos emocionales, sociales y de consumo que los adultos no siempre logran identificar. El psicólogo Jorge Prado analiza este fenómeno y advierte sobre hábitos que preocupan y desafíos que interpelan a las familias.
Infancias en clave de mercado
Según Prado, el consumo digital debe leerse dentro de la lógica del mercado y del trabajo. Plataformas como Minecraft o Roblox pueden estimular la creatividad y el trabajo colaborativo, pero también instalan una dinámica de compra constante: “Te ofrecen productos, vestimentas, escenarios. Todo se convierte en objeto de compra, incluso dentro del juego”, señala.
Esta transformación de la infancia plantea interrogantes sobre el tipo de vínculos que se construyen y el rol de los adultos en el acompañamiento de los chicos.
Cuidar es acompañar, no controlar
Frente a los riesgos asociados —desde el grooming hasta la exposición constante a estímulos—, Prado insiste en la necesidad de poner pausas y recuperar el encuentro. “A veces detrás de diagnósticos como estrés o depresión infantil se esconde algo mucho más complejo: poco tiempo compartido, jornadas laborales extensas de los padres y soledad en los chicos”, advierte.
La medicalización de las infancias, según el especialista, es una tendencia preocupante que puede invisibilizar causas profundas vinculadas al entorno familiar y social.
¿La billetera como sustituto de la presencia?
Otro fenómeno creciente es el de los padres que compensan su ausencia con compras virtuales para sus hijos. “Lo primero que uno piensa es si están pagando un juego o su falta. Muchas veces la billetera reemplaza la presencia”, reflexiona Prado.
Este tipo de consumo, lejos de resolver el vacío afectivo, puede reforzar la desconexión emocional y alimentar una lógica de gratificación inmediata.
Apuestas y cultura del “no perder”
El auge de las apuestas en línea entre adolescentes también preocupa. Prado lo vincula con los valores de una sociedad “exitista” y temerosa del fracaso. “La idea de que todo se puede ganar, de que no hay lugar para perder, está muy presente en estos entornos digitales”, explica.
Este tipo de prácticas, además de los riesgos económicos, pueden afectar la autoestima y la salud mental de los jóvenes.
El verdadero antídoto: estar presentes
Lejos de demonizar la tecnología, el especialista propone un enfoque de uso responsable y acompañado. “El verdadero antídoto frente al exceso digital no es la desconexión, sino el vínculo humano: el diálogo, el interés genuino y la participación de los adultos en el universo digital de sus hijos”, concluye.
Criar en la era de la inmediatez implica estar presentes, escuchar y construir espacios compartidos que fortalezcan el desarrollo emocional y social de las infancias.
Fuente Fernando García - Ciudadano.news