Crianza digital en Argentina: evitar las tecnoferencias y fortalecer los vínculos afectivos.

En un país donde la tecnología atraviesa cada aspecto de la vida cotidiana —desde la escuela hasta el entretenimiento—, acompañar a nuestros hijos en su crecimiento implica también sumergirse en su universo digital. Ser madres y padres responsables hoy exige comprender el entorno virtual en el que se desarrollan, para guiarlos con criterio y cercanía, no desde la ignorancia ni el miedo.
Más allá del control parental
Confiar únicamente en el control parental es una falsa tranquilidad. Según estudios internacionales, el 60 % de los chicos sabe cómo esquivarlo y más de la mitad cree que no debería existir. Si bien puede ser útil, no debe ser la herramienta principal. Lo esencial es que los adultos seamos modelos de uso responsable y ético de la tecnología. Los chicos aprenden observando: si nos ven pegados al celular, ellos también lo estarán.
En Argentina, el fenómeno del sharenting —compartir fotos o datos de menores en redes sociales— también plantea desafíos éticos y legales. Consultarles antes de publicar contenido sobre ellos es una práctica que fortalece el respeto mutuo. Muchos chicos expresan que les incomoda o avergüenza ver sus imágenes circulando sin su consentimiento.
Tecnoferencias: cuando la pantalla interrumpe el vínculo
La tecnoferencia parental es una realidad cada vez más frecuente: nuestros hijos se acercan a contarnos algo y no les escuchamos porque estamos mirando una pantalla. Si bien pueden entender que estamos trabajando o atendiendo responsabilidades, cuando esto ocurre en momentos de ocio o tiempo compartido, el mensaje que reciben es otro: que lo que tienen para decir no es tan importante.
Llevado al extremo, este hábito puede afectar el desarrollo de un apego seguro y generar sentimientos de soledad. Frente a esa soledad, muchos chicos buscan refugio en sus propios dispositivos, generando un círculo de desconexión emocional.
Establecer momentos sin pantallas —como durante las comidas o antes de dormir— ayuda a prevenir el uso problemático, reduce el estrés familiar y fortalece los vínculos. En contextos argentinos, donde el tiempo compartido suele girar en torno a la mesa, recuperar esos espacios sin tecnología puede ser clave.
Privacidad y diálogo: pilares de una crianza digital consciente
Educar con el ejemplo es fundamental, pero también lo es sumar herramientas técnicas y promover la mediación activa. Dialogar sobre los riesgos y oportunidades de internet, establecer normas claras y fomentar el pensamiento crítico son prácticas que ayudan a los chicos a proteger su privacidad y navegar con autonomía.
La entrega del primer celular, por ejemplo, puede postergarse hasta que haya madurez suficiente para asumir la responsabilidad. Combinar el control parental con una actitud abierta y afectiva permite que nuestros hijos sepan que pueden contar con nosotros para lo que necesiten.
Apagar el teléfono para mirarlos a los ojos es el primer paso para que aprendan a usar la tecnología de forma crítica, responsable y ética. Porque educar en lo digital no es solo vigilar: es acompañar.

Fuente: Revista Telos, Fundación Telefónica
Redacción Aljaba Comunicación