El maltrato animal ha dejado de ser visto solo como un problema que compete a activistas o protectoras de fauna. Hoy en día, la ciencia forense, la psicología y la criminología han acumulado décadas de evidencia que sitúan a este comportamiento en el centro de una conversación urgente sobre la seguridad ciudadana y la salud mental. Quien daña a un ser indefenso revela una estructura interna que con frecuencia escala hacia la violencia contra otras personas.
Un predictor de crímenes violentos
Uno de los hallazgos más contundentes en la literatura especializada proviene de una investigación pionera de la Northeastern University y la Massachusetts Society for the Prevention of Cruelty to Animals. El estudio concluyó que las personas que maltratan animales son cinco veces más propensas a cometer crímenes violentos contra seres humanos.
Esta correlación es tan estrecha que, desde 2016, el FBI incluye el maltrato animal en su base de datos nacional de crímenes, catalogándolo como un "crimen predictor" de la violencia doméstica, el abuso infantil y el maltrato a adultos mayores.
El peligro en la infancia y la conexión con asesinos en serie
La psicología del desarrollo y la criminología forense advierten que el maltrato animal a temprana edad es una de las mayores señales de alarma. Un estudio de los investigadores Merz-Perez y Heide reveló que el 56% de los agresores violentos analizados tenían antecedentes de crueldad animal en su infancia, en comparación con solo el 20% de las personas sin historial violento.
Por su parte, los expertos Wright y Hensley explicaron que muchos asesinos en serie torturaban animales durante su niñez como un "ensayo" de violencia. Al verse sometidos a humillaciones o miedos por figuras de poder que no podían enfrentar, descargaban su frustración en seres vulnerables. El propio FBI confirmó esto al entrevistar a criminales notorios como Jeffrey Dahmer, Dennis Rader y Richard Kuklinski, quienes compartían este turbio pasado.
Rasgos psicológicos: Trastornos y falta de empatía
De acuerdo con investigaciones publicadas en el Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law, quienes ejercen este tipo de maltrato suelen presentar:
Trastorno de la personalidad antisocial.
Rasgos sádicos.
Problemas de abuso de sustancias.
Estudios de la Universidad de Barcelona también vinculan directamente la crueldad animal con el Trastorno Disocial en jóvenes menores de 16 años, el cual suele evolucionar hacia la psicopatía en la adultez. Los rasgos conectores son evidentes: una profunda falta de empatía, incapacidad de sentir remordimiento y el fracaso rotundo para adaptarse a las normas sociales.
El riesgo cuando el maltratador llega al poder
Los expertos advierten que estos mecanismos psicológicos (como la cosificación del otro, la necesidad de control absoluto y la ausencia de culpa) no desaparecen. Si una persona con este perfil accede a posiciones de poder institucional, político, empresarial o de autoridad, el peligro público se multiplica, facilitando el abuso de poder en contextos humanos.
Como bien señaló el filósofo Albert Schweitzer: "Cualquiera que esté acostumbrado a menospreciar la vida de cualquier ser viviente está en peligro de menospreciar también la vida humana".
Una alerta temprana infravalorada
A pesar de la contundencia de los datos, criminólogos y psicólogos advierten que el maltrato animal sigue estando infraestimado e infradiagnosticado por la sociedad. La propuesta de los expertos es clara: la crueldad hacia los animales en niños y adolescentes debe ser evaluada clínicamente como una señal de riesgo de violencia social.
Proteger a los animales y proteger a los seres humanos vulnerables no son tareas distintas; desde la ciencia y la salud pública, forman parte exactamente del mismo proyecto.
Redacción Aljaba 360
Fuente Radio Nacional Colombia