La inteligencia emocional se ha convertido en un eje central del debate contemporáneo sobre bienestar y salud mental. El psicólogo Marc Brackett, director del Centro de Inteligencia Emocional de la Universidad de Yale y autor del libro Permission to Feel, explicó recientemente en el Huberman Lab podcast que "gestionar lo que sentimos no significa reprimirlo", sino aprender a identificar, comprender y regular las emociones de manera estratégica.
Identificar con precisión: el primer paso
Brackett subraya que muchas personas carecen de un vocabulario emocional amplio, lo que limita su capacidad de reconocer con exactitud lo que sienten. Diferenciar entre frustración, tristeza, ansiedad o decepción permite tomar decisiones más claras y evitar respuestas impulsivas.
La propuesta se apoya en el Mood Meter, una herramienta pedagógica que ayuda a ubicar las emociones en un eje de energía e intensidad, facilitando su reconocimiento en contextos educativos y laborales.
Autopercepción y coherencia
La inteligencia emocional implica reconocer cómo las emociones influyen en nuestras decisiones y alinearlas con nuestros valores. Brackett sostiene que la autopercepción es clave para evitar que las emociones nos dominen y, en cambio, utilizarlas como guía para actuar con coherencia.
Regulación sin represión
Uno de los aportes más relevantes del especialista es la fórmula RE (O+E):
- RE = Regulación emocional
- O = Objetivos
- E = Estrategias
La regulación consiste en aplicar estrategias para prevenir, reducir, generar o mantener emociones según los objetivos personales. Por ejemplo, la ansiedad puede ser vista como un obstáculo, pero también como señal de que algo nos importa. La clave está en decidir cómo usarla para avanzar.
Herramientas prácticas
- Meta-momento: detenerse, respirar y reflexionar antes de reaccionar.
- Técnicas de respiración y meditación: reducen la intensidad emocional y aumentan la claridad mental.
- RULER Approach: programa educativo de Yale que enseña a reconocer, comprender y regular emociones en escuelas y organizaciones.
- Co-regulación intencional: apoyarse en vínculos sociales para gestionar emociones difíciles.
Educación y cultura como factores decisivos
Brackett advierte que la socialización de género influye en la manera en que las personas gestionan sus emociones: los hombres suelen ser educados para reprimirlas, lo que dificulta su regulación en la adultez.
Asimismo, integrar la educación emocional desde la infancia fortalece la resiliencia social y el bienestar colectivo. En el ámbito laboral, líderes emocionalmente inteligentes logran equipos más cohesionados y productivos, incluso en contextos de crisis.
La propuesta de Marc Brackett redefine la inteligencia emocional como un lenguaje universal que permite relacionarnos mejor con nosotros mismos y con los demás. No se trata de ocultar lo que sentimos, sino de usar las emociones con inteligencia para alcanzar metas personales y colectivas, fortaleciendo la salud mental, las relaciones y la cohesión social.
Este artículo forma parte de la línea editorial de ALJABA 360 sobre "educación emocional y bienestar comunitario", con el objetivo de ofrecer herramientas prácticas y accesibles para transformar la vida cotidiana.
Redacción ALJABA 360