El herpes zóster, también conocido como culebrilla, es una infección viral causada por la reactivación del virus varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela. Aunque suele aparecer en adultos mayores, puede afectar a cualquier persona que haya tenido varicela en algún momento de su vida.
¿Qué lo causa?
Después de superar la varicela, el virus permanece latente en el sistema nervioso. Años o incluso décadas más tarde, puede reactivarse y viajar por los nervios hacia la piel, generando una erupción dolorosa. Esta reactivación suele estar asociada a una baja en las defensas inmunológicas, ya sea por edad, estrés, enfermedades crónicas o tratamientos inmunosupresores.
Síntomas principales
- Dolor, ardor u hormigueo en una zona localizada del cuerpo
- Sarpullido rojo que aparece en forma de franja o cinturón, sin cruzar la línea media del cuerpo
- Ampollas llenas de líquido que se abren y forman costras
- Sensibilidad al tacto, picazón
- En algunos casos: fiebre, dolor de cabeza, fatiga o sensibilidad a la luz.
El dolor suele preceder al sarpullido y puede ser tan intenso que se confunde con problemas cardíacos o renales.
Complicaciones posibles
La más común es la neuralgia posherpética, un dolor persistente que puede durar meses o años después de que desaparecen las lesiones. También puede provocar:
- Pérdida de visión (si afecta el área ocular)
- Parálisis facial o problemas neurológicos
- Infecciones bacterianas en la piel.
¿Es contagioso?
No se transmite directamente como herpes zóster, pero una persona con lesiones activas puede contagiar varicela a alguien que nunca la haya tenido o no esté vacunado, a través del contacto con las ampollas abiertas.
Prevención y tratamiento
- Vacuna Shingrix: recomendada para mayores de 50 años y personas inmunocomprometidas. Ayuda a prevenir la enfermedad y sus complicaciones.
- Antivirales: como aciclovir, valaciclovir o famciclovir, son más efectivos si se administran dentro de las primeras 72 horas desde el inicio de los síntomas.
- Analgésicos y cuidados tópicos: para aliviar el dolor y la picazón.
El herpes zóster no es una enfermedad menor. Su impacto puede ser severo, especialmente en adultos mayores. Consultar al médico ante los primeros síntomas es clave para evitar complicaciones.